Al Caribe, cuna de la modernidad, y de originales revoluciones
en el ámbito internacional, dedicó su fecunda vida
de combatiente nuestro entrañable Joel James. Es por ello
que Alberto Lescay desde este Templo del Fuego, junto a la expresión
coreográfica del Maestro Eduardo Rivero han querido rendir
postrer tributo a quien fuera el más alto inspirador del
Festival del Caribe y batallador incansable por nuestra cultura.
La obra coreográfica de Eduardo Rivero, laureada con el
premio nacional de danza, así como la presencia de los
orichas en las cerámicas de Raúl Santiago Miranda,
nos trasmiten la fuerza de una cultura sincrética y mestiza
donde lo africano es fundamental tanto en la cristalización
de nuestra identidad como en la formación de nuestra nacionalidad
en todas sus complejidades históricas y sociológicas,
sobre lo cual innumerables reflexiones y descubrimientos nos legó
Joel en sus investigaciones.
La expresión histriónica de los bailarines que participan
de este performance, más allá de recrear las raíces
afro antillanas nos tramiten el movimiento de hombres y mujeres
mestizos que vestidos a la usanza de nuestros cimarrones lucharon
hasta la muerte por alcanzar lo más preciado para el género
humano: la libertad. Aquí, el canto haitiano que acompaña
a los actores con sus movimientos alegorizan el sin fin de contribuciones
del Caribe al acervo internacional, acercándonos también
por sinestesia a la perenne inquietud investigativa de Joel James
quien en sus profundas pesquisas sobre nuestra identidad no cejó
por un instante en dar a conocer y publicar sobre el Vodú
en Cuba. la Regla Conga, la Santería, nuestra historia
local y nacional, sus profundos estudios sobre el pensamiento
martiano y nuestra cultura popular tradicional, sobre la cuál
decía con toda razón que en ella descansaba nuestra
soberanía.
El tañir de la campana de nuestro patio, (integrada a todo
al conjunto artístico concebido por Lescay y como concepto
integrador de la exposición), es una llamada de atención
para la continuidad de una obra que emprendió nuestro director
en el camino desbrozado inicialmente por Ortiz y que en nuestros
días Joel abordó temáticas y reflexiones
indispensables jamás abordadas por otros investigadores.
La entrada de los bailarines a la muestra expositiva compuesta
por la Nganga Viva, pieza emblemática de Lescay que ahonda
en el legado bantú de nuestra identidad, su homenaje a
Wifredo Lam como símbolo de nuestra turbulencia cultural
antillana, así como sus bronces y dibujos al carbón
sobre papel manufacturado nos trasmiten los valores de nuestra
cultura, la ascensión de los espíritus y ancestros,
así como la pertinencia de sus cimarrones que constituyen
genuina expresión de una obra esencialmente caribeña
donde el componente africano es omnipresente.
El Caribe, este espacio geocultural y natural de tantos ciclones,
terremotos y revoluciones constituye también espacio de
“Turbulencias", donde hombres y mujeres han conformado una
"geografía especial", en cuyo espacio, uno de
sus hijos en su paso por la Isla Mayor nos legó la turbulencia
engendradora y proteica de continuar descubriendo sus misterios
y grandezas, su legado y ensoñaciones que siempre reverdecen
en cada hecho cultural, y sobre los cuales en sus apreciaciones
más exactas estuvo siempre a la vanguardia Joel James.
Raúl
Ruiz Miyares.
En Santiago de Cuba, Julio de 2006