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Raíces
"Nací el último día de Escorpión, a la mitad del siglo XX, en la punta
de la loma de Martens cerca de Santiago de Cuba. Mi madre: espiritista
cruzada, bordadora, modista, maraquera, fiestera, fiel esposa, buena
amiga y mejor aún madre; hija de mambí, quien había raptado a mi abuela,
desde las montañas oscuras de Baracoa. Mi padre: tresero, chofer,
bailador y un infinito enamorado. La infancia y adolescencia
transcurrieron entre el campo y la ciudad, siempre que pude, escogí el
primero, Quizás porque, además de lo bucólico de éste, allí contaba con
un taller lleno de aparatos extraños inventados por mi tío para hacer
todas las cosas que demandaba la comarca, desde unos preciosos muebles,
una máquina de tejer, un juguete, hasta un terrible ataúd. Las noches
eran para hablar de las últimas del mundo terrenal, del infierno y más
frecuentemente del maravilloso paraíso, a donde iríamos los buenos. En
la ciudad todo me era ajeno, menos las volteretas y sacudidas de mi
madre, en medio del incienso para alejar de mi las malas influencias
espirituales.
Cuando me presenté a hacer la prueba de aptitud en la escuela de arte,
era principalmente porque quería ser becario como todos mis
contemporáneos, pues estudiar era la palabra de pase de la Revolución
cubana.
El perenne recuerdo del monumento en bronce al Mambí Desconocido en la
Loma de San Juan, mientras jugaba al escondido, me hace sospechar que en
ese instante se abrió para mi el camino de la plástica." |
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